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viernes, 26 de noviembre de 2010


Los arco-iris siempre me han hecho sonreír Hoy a las 16:12


El sonido de las gotas de agua chocando contra el cristal. A la velocidad de un parpadeo, han caído millones, dejando su deslizante rastro de agua, hasta el final de la ventana.
Pincha aquí para ver esta foto.Que curioso es el tiempo, tanto el atmosférico como el que transcurre, ambos ponen cada cosa donde toca, ambos, cuando te hacen creer que todo está perdido, te dan un rayo de sol. Las personas creemos que podemos controlarlos sabiendo que pasará, pero si es así, es por simple casualidad.
Hay noches de lluvia torrencial, donde toda esa lluvia, se desliza por tu cara en forma de lágrima, llenándote interiormente, de esa oscuridad externa que hay en la fría noche. Pequeñas estrellitas, que apenas se ven, te dan esperanza de que todo se arreglará, pero como veis en el cielo, no se comparan al espacio negro que hay a su alrededor, impidiéndoles moverse, acercarse, solo puedes verlas, y la oscuridad te corrompe más que tres puntos visibles.
La lluvia cae, limpiando todo aquello que no debería estar ahí, te impide mirar hacia la esperanza que tenías en el cielo al ver las parpadeantes esferas amarillas, que por muy pequeñas que fueran, estaban ahí, pero ya no. Te sientes peor que antes, en esos momentos no puedes ni moverte sin que el agua te inunde la mirada, solo puedes dejar que el tiempo transcurra, hasta que cese todo aquello.
Un nuevo día, todo vuelve a lo que en un principio fue, tu día depende de lo que hagas, o lo que hagas depende del día? Puede que inunde tu cuerpo una nueva ola helada, tus defensas se vuelvan incompetentes y vuelva aquella lluvia, y más tarde, la oscuridad, o tal vez, empiece con algo que esperas, pero que debe llegar solo, ese sol que se escondía tras todas aquellas nubes espesas que no dejaban a tu conciencia reaccionar, dar un paso adelante y protegerte de toda esa realidad que allí esta, incambiable pero superable, la cual te tenía encerrado en un callejón sin salida, pues bien, hay salidas para todo, pero no todo el tiempo.
Al fin un día a tu favor, un aire embriagador que te hace inmune a ti y a tu alrededor, que te abre mil puertas ya abiertas pero tapadas por tu evasión pasada, ya es hora de seguir todo lo que una vez empezaste, hay mucho mundo como par que una triste lluvia acabe con él, solo es cuestión de mera casualidad y de no impacientarse con el futuro, puesto que, nadie lo controla, el mismo da a cada uno lo que le corresponde.
En momentos en los que, iluminada por el enorme sol, que viaja ensoleciendo a los rincones más oscuros, donde cree que la esperanza se esfumó y únicamente trata de volver a abrir una ventana en aquella casa echa únicamente de paredes, una leve brisita fría, roza tu cuello…
Esa triste lluvia, que cree que todavía puede producirte algún tipo de efecto, que cree que sigues teniendo frío, que no tienes una luz lo suficientemente fuerte como para tapar ese cielo oscuro que envolvía los insignificantes astros que costosamente veías, pues te digo leve brisa, que un nuevo sol iluminó mi vida, no me volverá a dejar pasar frío nunca más, no me dará oscuridad ni aunque yo se lo pida, no me controla, no lo controlo, pero el uno sin el otro, no somos nada, puede llover, eso no te lo niego, por supuesto, pero él no se ira, por mucha lluvia que haya, el seguirá ahí, por muchas noches que pasen, siempre volverá, y eso nadie puede cambiarlo, no te molestes en traer nubes, pues las ilumina a ellas también, no lluevas ni anochezcas, sería patético si crees que así se rendirá, el siempre está ahí, como todos aquellos astros que estaban allí, encontré uno de ellos para mí.
No te olvidaré ni a ti, ni a tus gotas de agua rompiendo en mi cristal, puesto que me hiciste abrir los ojos mientras los tenía cerrados por tu culpa, todo depende del día que haga hoy, y eso ni tu ni yo, ni todas las personas del mundo por más que nos juntemos, lo podremos adivinar.

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